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martes, 28 de julio de 2015

Falsos mitos sobre armas en el mundo del airsoft

Hoy que estamos a punto de empezar las vacaciones del blog y taller, os traigo un artículo fresquito para entretenernos en esas horas de calor y de paso aprender un poco. Hoy seremos cazadores de mitos. ¡Empezamos!



Mito: Los silenciadores reducen el sonido del disparo a un pequeño silbido.
Realidad: Aunque sea siempre munición subsónica, el silenciador atenúa el sonido para que no se oiga a kilómetros, pero sigue sonando bastante fuerte en el entorno cercano. Esta afirmación varía según el calibre, arma, y si el silenciador está integrado o es añadido. Podéis ver dos ejemplos de esto en los siguientes videos de Youtube.



Beretta 92FS con silenciador añadido. Se ve que el primer disparo con silenciador apenas lo atenúa. El resto de disparos silenciados son normales, pero podéis observar que incluso se oye el eco del disparo silenciado.

MP5SD5 con silenciador integrado de serie.

Mito: Las armas de fuego pesan bastante.
Realidad: En la actualidad muchas armas de fuego pesan menos que sus homólogas de airsoft full metal. Después de practicar airsoft, cuando levantas por primera vez un arma de fuego te sientes un poco decepcionado.

Aunque antiguamente tuviera su motivo para que fueran muy pesadas, la tecnología permite hoy día que el armamento personal sea cada vez más cómodo de llevar, alcanzando el peso óptimo para la estabilidad del arma en función a su retroceso. Si bien es cierto que los fusiles antiguos pesaban como un muerto, en la actualidad se busca la mayor ergonomía posible y por eso se ha sustituido la madera por plástico para fabricar muchas armas modernas. Es muy típico el Nylon con fibra de vidrio y metales ligeros en partes no esenciales para la detonación. Para ser justos si que hay una excepción: las ametralladoras, que necesitan ser estables, y que además cargan mucha munición.

M249 MK46 SAW. Ver más fotos aquí



Mito: En cada disparo de las armas de fuego actuales se produce un espectacular fogonazo.
Realidad: Muchos profesionales desmienten esto. Actualmente al disparar un arma de fuego, con munición correctamente conservada y de calidad, y en un arma con bocacha apagafuegos, se produce un fogonazo que es casi imperceptible para el ojo de día, y eso si, algo más perceptibles por la noche.

Como sabéis, Hollywood y el cine de acción nos tienen muy acostumbrados desde hace décadas a ver estas llamaradas de medio metro en las escenas de tiros. Sin embargo hoy día tenemos a muchos videos de demostración sobre armas de fuego tanto en Youtube, Vimeo, etc, en los que podréis comprobar que el fogonazo es más bien poca cosa, o más bien nada. Se ve más humo que fuego.




Mito: Apretar el "Gatillo" para disparar.
Realidad: Se llama Cola del Disparador o vulgarmente Disparador.

Esa pieza que inicia el funcionamiento del arma se llama Cola del Disparador, o simplemente Disparador (aunque técnicamente el disparador es el conjunto de mecanismos que provocan el disparo). Este término está firmemente arraigado en el colectivo de usuarios de armas de fuego, ya que para sacar el permiso de armas en España es necesario pasar un examen que incluye mecánica y partes de las armas, con el objeto de su seguro mantenimiento, y es en ese momento cuando aprendemos claramente que la palabra correcta es Cola del Disparador. Aunque es verdad que hoy en día el término "Gatillo" se ha extendido tanto que se está empezando a aceptar su uso por los usuarios de armas de fuego. Sin embargo en la mayoría de los clubs de tiro y en las armerías se sigue corrigiendo el uso incorrecto de esta palabra. En el mundo del airsoft, en cambio, al estar tan afectado por Hollywood, sin apenas formación por los usuarios, y con la tendencia de disparar munición a cubos, es normal que se adoptara ese nombre.



Mito: Las armas de repetición o repetidoras son las que disparan ráfagas o fuego automático.
Realidad: Más que un mito, es un error frecuente de muchos usuarios. Armas de repetición o "repetidoras" son las que deben ser amartilladas o acerrojadas antes de cada disparo, como los rifles de cerrojo y de palanca, las escopetas de corredera y los revólveres de acción simple.


En estas armas tras cada disparo se debe repetir (por eso el nombre) la acción de carga para alojar un nuevo cartucho en la recámara. Existen mecanismos para automatizar este sistema, pero estas armas ya entran en la denominación de automáticas o semiautomáticas. Las armas de repetición se inventaron aproximadamente en el siglo XVII de mano de un armero italiano llamado Lorenzoni, y era un fusil con una especie de tambor de carga.


A continuación, otros falsos mitos de acción bélica extendidos por el cine y la televisión...


Mito: Salir volando al recibir un disparo de escopeta o de lanzagranadas, o estar cerca de una explosión.
Realidad: un proyectil metálico a alta velocidad que se encuentra con un cuerpo blando detenido (por ejemplo el cuerpo humano) solo transmite la energía de su impulso a la zona en la que entra en contacto, provocando serios daños, pero nunca desplazando al resto del cuerpo, que debido a su inercia permanece prácticamente en la misma posición.


Cuando una bala o una rosa de perdigones abandona el cañón de una escopeta tenemos que verlos con el mismo efecto que tendría una aguja o estoque blandidos a gran velocidad contra un blanco humano. En ningún caso la punta del estoque o agujas desplazarían el cuerpo, sino que se clavarían en él, transmitiendo ahí toda su energía, con los consecuentes daños.

En el siguiente video podéis ver en slow motion una serie de disparos efectuados contra un bloque de gel balístico, un material que tiene la misma densidad y consistencia que podría tener el cuerpo humano. Con esto podréis imaginaros el terrible daño que causan ciertas municiones en las víctimas de disparo. Todas las municiones del video son de escopeta pero en el canal del usuario podréis ver muchos tipos de balas en la misma prueba.


Para hacer real ese efecto cinematográfico, es decir, para poder lanzar un cuerpo por los aires tal como se ve en el cine el proyectil o conjunto de proyectiles tendrían que tener el tamaño del cuerpo humano, y además desplazarse a la misma velocidad a la que el cuerpo sale despedido. Es decir, bastante lento para una bala o rosa de perdigones.



Mito: Los chalecos antibala te hacen inmune a las balas y puedes seguir operando con normalidad.
Realidad: Recibir un balazo con un chaleco es como si te diera un ariete en el pecho. Te puede dejar inconsciente e incluso causarte alguna hemorragia interna que debería tratarse lo antes posible. Con todo eso, aún es mucho mejor que recibir el balazo sin ninguna protección.


Como podéis ver en el video del caso anterior, los proyectiles al penetrar empujan considerablemente la masa blanda hasta que pierden energía. Si se tratara de una placa de blindaje no la atravesarían (esa es su función) pero igualmente le transmitirían su energía cinética. Parte de ella se transformaría en calor y parte deformará la placa, pero la mayoría seguirá siendo cinética, por lo que tenemos una placa de blindaje que golpea nuestro cuerpo a casi la velocidad de una bala. Por su superficie no puede atravesarte, pero aun así es bastante doloroso. Si echais un vistazo al final de este video veréis a qué me refiero.




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